The Trelew Massacre

Camps, et al. v. Bravo

Victims' families at a court hearing in Trelew, 2012. Photo by courtesy of Axel Binder

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Victims' families at a court hearing in Trelew, 2012. Photo by courtesy of Axel Binder

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Versión en español

In August 1972, at an isolated naval base in Trelew, Argentina, military officers shook nineteen political prisoners out of their sleep in the middle of the night, lined them up against a wall and opened fire with lethal weapons. Sixteen died and three survived. This event came to be known as the Trelew Massacre. 

Despite public outcry, the victims’ families were prevented from obtaining information and justice by the existing and successive authoritarian regimes. It was not until 2012, three decades after Argentina’s return to democracy, that most of the officers responsible for the massacre were prosecuted and found guilty in Argentinean courts. One, however – Roberto Guillermo Bravo – has evaded justice while living in the United States since 1973. On February 28, 2022, Bravo will finally stand trial in Miami, Florida for his alleged role in the Trelew Massacre and face our clients, four family members of the victims of the Massacre.

In 1971, the Argentine military installed General Alejandro Agustin Lanusse as President of Argentina. By then, the Argentinean government was rolling out a scheme of repression that included tactics to deny core civil and political rights to those deemed to be “subversives,” intimidating and persecuting lawyers and families defending political prisoners, and widespread kidnapping and torture.

In May 1972, the Argentine government began relocating political prisoners to holding facilities far from their lawyers, families, and communities to further isolate them. In the events leading up to the Massacre, dozens of prisoners were moved from Buenos Aires and other urban centers in the north of the country to the southern province of Chubut, in the Patagonia region. Separated from families and lawyers by over a thousand miles, a group of political prisoners attempted an ill-fated prison escape. Of the twenty-five individuals who fled the detention center, nineteen were recaptured at the nearby airport. This group of young men and women were transported to Almirante Zar Naval Base, where they were interrogated, degraded, and tortured.

A week later, in the early hours of August 22, 1972, four Argentine naval officers, including Ensign Roberto Guillermo Bravo, allegedly woke the prisoners, ordered them to exit their cells, and lined them up against a wall in the hallway. The officers then opened fire on the group with lethal weapons, shooting indiscriminately.  

The official military story was that this was a failed escape attempt. But the three severely injured survivors, María Antonia Berger, Rene Haidar and Alberto Camps, told a different story and let the country know that what had taken place in Trelew was a massacre.

In the years that followed, the three surviving victims were either murdered or disappeared. Relatives of those killed and their lawyers faced extreme persecution to keep them quiet and prevent them from seeking accountability. Despite the public outcry following the Trelew Massacre, it was decades before any of the participating officers were held accountable.

In 2012, three of the perpetrators of the Trelew Massacre who were in Argentina were convicted. Argentinean courts found the Trelew Massacre had been a crime against humanity, committed in the context of widespread and systematic persecution of General Lanusse’s dictatorship’s political opponents. The courts concluded, therefore, that the amnesty and statute of limitations were not applicable to the Trelew Massacre and affirmed the convictions.

Versión en español

En agosto de 1972, en una aislada base naval ubicada en Trelew, Argentina, oficiales militares abruptamente levantaron a diecinueve presos políticos en medio de la noche, los hicieron pararse en fila contra una pared para después abrir fuego con armas letales. Dieciséis murieron y sólo tres sobrevivieron. Este evento se conoció como la Masacre de Trelew.

A pesar del repudio del público, el régimen autoritario de ese momento, al igual que los regímenes sucesivos, impidieron a las familias de las víctimas obtener información y justicia en este caso. Solo en 2012, tres décadas después del regreso de Argentina a la democracia, los oficiales del ejército responsables de la masacre fueron juzgados y sentenciados ante tribunales argentinos. Uno de ellos, sin embargo, Roberto Guillermo Bravo, ha evadido la justicia. Actualmente vive en los Estados Unidos desde 1973. El 28 de febrero de 2022, Bravo finalmente será a juzgado en Miami, Florida, por su presunto papel en la Masacre de Trelew y enfrentará a nuestros clientes, cuatro familiares de las víctimas de la Masacre.  

En 1971, durante la dictadura cívico-militar de la llamada “Revolución Argentina” (1966-1973), la junta militar nombró al General Alejandro Agustín Lanusse como Presidente. Para entonces, el régimen militar había acelerado la implementación de una maquinaria de represión que incluía el uso generalizado de la tortura, secuestros, tácticas para privar de sus derechos civiles y políticos fundamentales a aquéllos considerados “subversivos”, e intimidar y perseguir a los abogados y las abogadas, y a las familias que defendían a los presos políticos.

En mayo de 1972, el régimen argentino empezó a reubicar a personas que estaban presas por razones políticas a prisiones y penales alejados de sus representantes legales, familias y comunidades para aislarles aún más. En los hechos anteriores a la Masacre, decenas de personas detenidas por motivos políticos fueron trasladadas desde Buenos Aires y otros núcleos urbanos del norte del país hacia la provincia de Chubut, en el sur de Argentina, en la región de la Patagonia. Al estar a más de dos mil kilómetros de sus familias y representantes legales, un grupo de presas políticas y presos políticos intentó una fuga de la prisión, pero sin éxito. De las veinticinco personas que huyeron del centro de detención, diecinueve fueron capturadas en el aeropuerto cercano de Trelew. Se trasladó a ese grupo de hombres y mujeres jóvenes a la Base Naval Almirante Zar, donde se enfrentaron a interrogatorios y sufrieron tratos degradantes y torturas.

Una semana después, en la madrugada del 22 de agosto de 1972, cuatro oficiales navales argentinos, entre ellos el Teniente de Corbeta Roberto Guillermo Bravo, supuestamente despertaron a las presas y presos, les ordenaron salir de sus celdas y pararse en fila contra una pared en el pasillo. Luego, abrieron fuego en contra del grupo con armas letales, disparando indiscriminadamente.

La versión oficial manejada por el ejército fue que los hechos ocurrieron como respuesta ante un intento de fuga fallido. Sin embargo, los tres sobrevivientes, quienes sufrieron graves heridas, María Antonia Berger, René Haidar y Alberto Camps, contaron una historia diferente e informaron al país que lo ocurrido en Trelew había sido una masacre.

En los años siguientes, las tres víctimas sobrevivientes fueron asesinadas o desaparecidas. Los familiares de las víctimas y sus representantes legales enfrentaron persecución con la finalidad de mantener el silencio y para evitar que buscaran justicia y rendición de cuentas. A pesar de las protestas seguidas de la Masacre de Trelew, pasaron décadas antes de que alguno de los oficiales del ejército rindiera cuentas de sus actos ante los tribunales.

En 2012, varios de los autores materiales de la Masacre de Trelew que se encontraban en Argentina fueron sentenciados. Los tribunales argentinos determinaron que los hechos ocurridos en la Masacre de Trelew eran un crimen de lesa humanidad, cometido en el contexto de una persecución generalizada y sistemática a los opositores políticos de la dictadura de Lanusse. Por tanto, los tribunales concluyeron que la amnistía y el plazo de prescripción no eran aplicables a la Masacre de Trelew. En la instancia de apelación, las cortes confirmaron las condenas.